"Desmanes": furia social sin cauce y con causa
Dijeron los noticieros mercantiles (porque la gran prensa es una industria) que la del Primero de Mayo fue una marcha caracterizada por infiltrados y desmanes protagonizados por el lumpen y anarquistas, por antisociales. Si fue así como dicen, si existía sólo el afán de destruir por destruir, ¿por qué los blancos de los ataques fueron el Ministerio de Educación, un local de comida rápida, una sucursal bancaria, entre otros semejantes, y por qué la Biblioteca Nacional, por ejemplo, en el centro de los "desmanes" no fue tocada?
Una mirada más atenta y menos prejuiciada podría tal vez ver que los blancos de los ataques fueron símbolos de situaciones que están victimizando a la población y que no han sido resueltas (como el difícil acceso a la Educación, a la Alimentación y otras necesidades básicas, la carencia de dinero, la criminalización de las luchas sociales y del pueblo mapuche) y que por no resueltas generan furia social represada que se desata en violencia cuando se expresa.
Esa misma mirada podría tal vez ver que no es la mayoría adulta, controlada y resignada (agotada de pelear quizás, agotada de comprobar que siempre todo cambia para que todo siga igual) la que expresa esa furia, sino jóvenes que no ven otra salida que la reacción agresiva. La misma furia que se desata en los estadios y en cualquier oportunidad en que aparece un resquicio, o un agujero, para que esa violencia represada se desborde o aflore como el agua retenida y se derrame sin cauce. Ojo: "sin cauce", no "sin causa".
Se suma a ello la falta de canales formales e institucionales de participación efectiva en las decisiones que a todos nos atañen. Los partidos políticos tradicionales son centralistas, cupulares, poco participativos, con tendencia al clientelismo y al caudillismo. Lo mismo se puede decir de organizaciones como la CUT.
El gobierno ha amenazado con más represión: se identificará y llevará a la justicia a los "antisociales". Se ha pedido a los canales de televisión y reporteros gráficos que aporten imágenes para esta tarea represiva. ¿Es la prensa "ayudista" de la policía política del Estado? ¿Estamos volviendo en democracia a los estilos de la Dictadura?
Estos hechos son un llamado de alerta al gobierno de Michelle Bachelet que todavía tiene oportunidad de mostrar que sus criterios son diferentes, aunque las voces y discursos del Ministro del Interior, del Subsecretario del Interior, del Intendente de Santiago, parezcan calcadas de los gobiernos anteriores, más orientados a la represión y al silenciamiento. O al ¡apartheid!, como sería no autorizar marchas y manifestaciones sino en espacios cerrados y "seguros", como el Parque O'Higgins.
Sí, es cierto, existe el derecho a la integridad de la propiedad pública y privada (que ellos se encargan de poner de relieve con especial énfasis), pero, ¿dónde quedan los derechos a la participación en la toma de desiciones en diversos órdenes, donde está la iniciativa popular de ley, dónde están los canales que facilitan esa participación, cuya ausencia o insuficiencia contribuyen a generar hechos que después se lamentan? Si no hubiera marginalidad ni exclusión... La estrategia de la represión, del silenciamiento y del apartheid se enfoca a los síntomas (furia social) pero no a la enfermedad (injusticia).
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Una mirada más atenta y menos prejuiciada podría tal vez ver que los blancos de los ataques fueron símbolos de situaciones que están victimizando a la población y que no han sido resueltas (como el difícil acceso a la Educación, a la Alimentación y otras necesidades básicas, la carencia de dinero, la criminalización de las luchas sociales y del pueblo mapuche) y que por no resueltas generan furia social represada que se desata en violencia cuando se expresa.
Esa misma mirada podría tal vez ver que no es la mayoría adulta, controlada y resignada (agotada de pelear quizás, agotada de comprobar que siempre todo cambia para que todo siga igual) la que expresa esa furia, sino jóvenes que no ven otra salida que la reacción agresiva. La misma furia que se desata en los estadios y en cualquier oportunidad en que aparece un resquicio, o un agujero, para que esa violencia represada se desborde o aflore como el agua retenida y se derrame sin cauce. Ojo: "sin cauce", no "sin causa".
Se suma a ello la falta de canales formales e institucionales de participación efectiva en las decisiones que a todos nos atañen. Los partidos políticos tradicionales son centralistas, cupulares, poco participativos, con tendencia al clientelismo y al caudillismo. Lo mismo se puede decir de organizaciones como la CUT.
El gobierno ha amenazado con más represión: se identificará y llevará a la justicia a los "antisociales". Se ha pedido a los canales de televisión y reporteros gráficos que aporten imágenes para esta tarea represiva. ¿Es la prensa "ayudista" de la policía política del Estado? ¿Estamos volviendo en democracia a los estilos de la Dictadura?
Estos hechos son un llamado de alerta al gobierno de Michelle Bachelet que todavía tiene oportunidad de mostrar que sus criterios son diferentes, aunque las voces y discursos del Ministro del Interior, del Subsecretario del Interior, del Intendente de Santiago, parezcan calcadas de los gobiernos anteriores, más orientados a la represión y al silenciamiento. O al ¡apartheid!, como sería no autorizar marchas y manifestaciones sino en espacios cerrados y "seguros", como el Parque O'Higgins.
Sí, es cierto, existe el derecho a la integridad de la propiedad pública y privada (que ellos se encargan de poner de relieve con especial énfasis), pero, ¿dónde quedan los derechos a la participación en la toma de desiciones en diversos órdenes, donde está la iniciativa popular de ley, dónde están los canales que facilitan esa participación, cuya ausencia o insuficiencia contribuyen a generar hechos que después se lamentan? Si no hubiera marginalidad ni exclusión... La estrategia de la represión, del silenciamiento y del apartheid se enfoca a los síntomas (furia social) pero no a la enfermedad (injusticia).
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